





La frivolidad que no me es tan ajena
y la tibieza de los corazones jovenesPadres, no velen por mi seguridad
que malgasto en el superlativo peligro
de esta sinuosa ciudad que me dio forma
surcando inocentes el desfiladero del precipicio
hablando conmovidos de la vida de las sombras
que se hacen numerosas y sonoras
al palidecer el otoño amarillo
de si roban o no su color el cafè de los desconocidos
hay un paralelo con un error de unos segundos
anoche gozaba de la malicia
y yo al mismo tiempo me preguntaba
de la orgásmica destrucciòn
como siempre lo foráneo nos distrae del punto neto
y adentro amputamos la cara del otro
desfasada en el fuero interno
