(flor podrida de mi patio)
Ayer pusieron flores sobre un pecho que llevaba mi nombre pero que no era el mío. La perversidad de las flores jugaba con unos senos fríos que llevaban mi nombre pero que no eran los mios.
A mi abuelo, que solía ofrendar al útero de otra Emilia, un día, se le hundió el pie en aquella tierra maldita , arrastrado hacia adentro por la superstición del pueblo. Había quedado tan impresionado que lo contaba en voz baja a sus hermanas y guardaba el silencio de sus hermosas manos negras un futuro prodigio...sus manos, eran tan bellas, si muy bellas. Poco tiempo después mi abuelo regresaba al útero de su madre Emilia.
Ayer empujaron al encierro a otra Emilia ( entre cuatro paredes mas chicas que la superficie de esta cama donde,ahora, yace aun mi cuerpo respirando) No hubo para ella ningún pariente recién horneado al manicomio que predicara sobre su regreso hacia los dioses paganos, de su regreso a la divina vagina de Afrodita. Si, fraternos sollozos y alguna que otra sonrisa, en particular las mías.
Aquella ciudad de los muertos vigila con sus cercos a dos Emilias, Emilias que hilaron sus años para que aquel sitio terminara siendo dueño del abrazo de sus huesos, pero esta Emilia ya fue de la tierra antes de que se le diera un nombre,esta Emilia nunca estará allí... porque nunca tuvo nombre.














