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lunes, 15 de febrero de 2010

CAP V

Todo el amor sería más ardiente si la razón no residiera en nosotros o quizá más bestial, es que dentro de la bestialidad está la naturalidad de los movimientos pasionales. Pero si fuera el instinto quien nos llevara a enamorarnos locamente entonces los actos serían repetidamente iguales, por lo tanto no está la razón tan exenta como parece. Es una mezcla de contenidos como el primer principio del amor que asumen la participación de dos individuos
Para sentir que sus pies estaban bien afirmados en el terreno, Agusto tenía que conocer cada recoveco de la inmensa casa. Seguía creyendo que alguien más vivía entre ellos dos y para empezar se proponía descubrirlo.Algo distinto era proponerse conocer quién era la persona que se sentaba todos los días a compartir los momentos de paz, Grazia, eso le iba a llevar más tiempo del que pensaba, más siendo una mujer. Ni viviendo años con ella iba a saber quién estaba a su lado, la lógica de una mujer es la de un laberinto mientras más se adentra en ella más se pierde, y cuando se está dentro no se sabe cómo salir. Entonces Agusto comenzó por observar las rutinas de Grazia y seguirla en cada lugar de la casa en que ella encerraba su ser.
Todas las mañanas la mujer bajaba a un sótano no sin percatarse que nadie la siguiera y si no bajaba al sótano subía a la azotea, se dirigía luego a su cuarto si no se dirigía a su cuarto salía de la casa, iba cuatro veces a la cocina y si no iba a la cocina iba al baño. A Agusto le sorprendió no sin cierta alegría lo totalmente organizadas y rituales de las acciones de Grazia, pero eso lo hizo sospechar.
Ella nunca se despegaba de su enorme manojo de llaves que pendían de su cadera y que en los movimientos casi circulares de un costado a otro se oían tintinear.
La planificación era fácil pero difícil llevarlo a cabo. Esa noche esperó a que Grazia hiciera su ronda nocturna y cuando se fue a dormir , se fijó en la puerta que había hecho la marca días anteriores. Tras ella una escalera lo llevó a una biblioteca gigante, todo el ruido del silencio percató la presencia de Agusto y quedó inmóvil. Los libros cubrían las paredes masticando los espacios oscuros, todas aquellas cubiertas eran la fortificación que ocultaban un secreto, allí no había nadie durmiendo así que lógica novelesca de Agusto le sugirió que había una puerta escondida. No podía ser un simple ejemplar el que abriera la puerta y también si realmente la alcoba de ella se encontraba del otro lado de la biblioteca no podía realizar tanto ruido porque terminaría despertándola. Esa noche decidió que no haría nada, simplemente fue imprimiendo en su mente los títulos de los libros. Pues Agusto que solía enredar las lapiceras entre sus cabellos cuando estaba nervioso, hoy no tenía ninguna colgado.
La mayoría del tiempo era un tipo distraído capas hasta de olvidar lo que acababa de decir, pero se había creado una memoria fotográfica de tal manera que cada vez que recordaba algo, sus cinco sentidos se activaban enarbolando una memoria que se sentía como un acto presente. Esa función casi automática, la había desarrollado para imprimir en su mente los pocos momentos de felicidad que había vivido y aunque le era muy útil para su trabajo, a menudo minucioso, lo ponía de muy mal humor tener que usarla para eso. Muy seguido cuando se encontraba deprimido, cerraba los ojos y abría ese viejo álbum de fotos que atesoraba en su reminiscencia, entonces le pasaba de recordar días felices, y seguido de una cifra, una clave, un símbolo, lo desencantaba y lo volvía el hombre más insoportable sobre la faz del mundo.
Una vez que se dirigió a su cuarto, copió en su anotador todos los títulos de los libros e intentó darle un orden lógico que le permitiera encontrar el libro o contraseña de libros para entrar. Cuando escribía Maupassant, apareció traspapelado y vivamente un recuerdo suyo: era joven, una noche de verano, las nubes se debatían entre ellas qué lugar del cielo tomar y mientras iban apoderándose del espacio mutaban su forma, estaba en el patio de un amigo, sentado en una silla con el corazón apuñalado , fumando y tomando licor de banana, entre la oscuridad él no se distinguía. Se quedó aprisionado por esa visión como en un sueño en que el cuerpo no puede escarpar de algún peligro si no que está hundido en una cama hueca con los bordes de la piel atrapados por punzantes clavos, y en que toda la desesperación se avalancha en el túnel de la garganta, así esa acumulación de emociones lo dejó dormido en sus anotaciones.
Al otro día tomó algunos libros no de la biblioteca si no del living, estratégicamente escogidos y ordenados para que no se notara su ausencia a simple vista. Cuando los abrió noto la presencia de un ávido lector que había subrayado, llenado de grandes asteriscos, notas a pie de páginas y recortes de fotografías de las más bellas damas de la época. Lo que más sorprendió a nuestro personaje fueron las flamantes frases que encontró entre los colores estridentes y las profundas reflexiones del aprendíz

“el amor cerebral sin duda es más inteligente que el verdadero amor, pero sólo cuenta con instantes de entusiasmo; se conoce demasiado sí mismo, se juzga demasiado; lejos de embrollar las ideas, está construido sólo a fuerza de ideas”
II, 19

Obsesivo como aquella alma sensible se puso leer todo compulsivamente, anotaba conclusiones o citas textuales y trazaba líneas de un lado a otro, cuando se vio las manos no lo asustó el hecho de que estuvieran todas rayadas sino que estaban trémulas. Esos días Grazia lo vio salir y entrar de su habitación para preparar café , con los pelos arremolinados y la mirada desencajada. Ese insólito comportamiento hizo que ella terminara dándose cuenta que extraía libros del
living. Y una noche cuando Agusto salió sin el mínimo cuidado de no hacer ruido con la rabia de la pasión arrebatando su cuerpo, tropezó con una pila de libros en el suelo, Grazia los había dejado allí para que los leyera, creía que el aburrimiento del encierro lo había trastornado y sumergirse en realidades alternativas le permitiría sobrellevarlo mejor. Atolondrado se metió de la manera menos discreta a su cuarto, estaba extasiado esa noche terminó exhausto.
Tres días después salió normalmente y compartió las comidas con la señorita de la casa, una sonrisa de triunfo y vanidad abundando en sus gestos. A ella no podía parar de sorprenderle los descomunales estados de ánimo de Agusto, finalemente le dijo
- Esos libros pertenecían a mi abuelo, las anotaciones y subrayados son suyos, supongo que se habrá fascinado con ello-
Agusto le hizo un gesto con la mano para que siguiera relatando
- ¿qué más quiere que le diga? Su existencia fue muy triste vivió para el trabajo, y cuando lo jubilaron, él mismo se internó en un asilo dónde murió al poco tiempo de tristeza. Hay gente que se comporta naturalmente como un vegetal, nace, se desarrollan, y mueren.
Hm, interesante, pero allí hay anotaciones que son de dos manos….
- Aquel otro puño es mío, sepa disculpar lo arruinado que quedaron los ejemplares cuando pasaron por mi garra, además de lo irreflexivos e inconexos de mis pensamientos.
A Agusto se le había caído una galleta de la boca, no podía creer que aquella mente brillante que había contribuido junto con su abuelo a turbarlo tanto se avergonzara de ello. Esta era la primera vez en que Agusto se interesaba en Grazia , no como mujer, sino como persona.
Usted se equivoca muchacha malcriada.
A Grazia le gustaba ese aire entre educado y chabacano de Agusto.
- Soy una persona llena de contradicciones señor, siempre los opuestos me guían pero no como diferentes si no como un uno y el otro por falta del mismo.
Si lo sé señorita, eso ya lo he descubierto.
Ambos sonrieron y tomaron de su tasa como si hubieran brindado, mirándose a los ojos siendo cómplices de algo que el otro no sabía.

martes, 9 de febrero de 2010

Mascarpone y Pannacota

Alguna vez escondí la agonía en el alféizar
y comencé a vivir en Corrientes
esperando los gustos de helado de Robi
con las piernas al aire y la pollera corta guardada en el placar
evidentemente Mario se equivocaba cuatro eran mejor que tres
y me acosté en las nubes de mi cama colorada
mientras los brillos del día
a las ocho todavía persistían en las clavículas de las sábanas
esperando que como un pescado muerto
la moral en mi cabeza volviera a Nadar.

viernes, 5 de febrero de 2010

CAP. IV. Obsesión (Escuchar X Japan- xclips intro)

En los cerros, solía haber una temperatura bastante frìa a la mañana, todo era tomado por una espesa niebla gris que hacìa rechinar la casa y los huesos, les sacaba el brillo a los colores, y disminuía las capacidades instintivas del hombre. La niebla se movía lentamente como viajando desnuda, arremolinada, abrazaba la casa, abrazaba la espalda y debajo de la pollera, se infiltraba en los pensamientos como una canción, pues entre la niebla y la melancolía hay un paso de diferencia.
Grazia se levantó muy temprano faltaban algunas provisiones así que iría al pueblo, se puso un pañuelo en la cabeza, un abrigo y salió. Agusto desnudo, apoyando sus manos en la fría ventana, la vio difuminar sus contornos con los de fosca, pensó que quizá eso era ella, tal como empañó el vidrio de sus anteojos, quizá era niebla. Le hubiera gustado salir corriendo e irla a buscar jugando, no encontrarla y perderse a sí mismo. En cambio se quedó un rato en ese lugar poniendo su frente contra el vidrio frio de la ventana, los leves y tardos movimientos de esa nube le daban la impresión que pronto vería a alguien salir de allí, pero nadie salió, desilusionado decidìo levantarse.
Grazia llego dos horas más tarde cargada de bolsas que iba trayendo, de a poco de la camioneta y guardando en la despensa. Cansada agarró algunos productos para el desayuno y se dirigió a la cocina, cuando llegó se asustó : la mesa estaba ya servida. Todo lo que llevaba casi rueda por el piso, parecía que un fantasma hubiera acomodado todo tan perfectamente. Sentado en un taburete a su lado, Agusto la saludó con la mano.
- Oh, buen día Agusto me ha dado un susto impresionante- dijo y se sentó en la mesa con él, él sólo sonrió y comenzó a escribir algo en un anotador , arrancó el papel y se lo dio.
Buen día señorita, tome su desayuno rápido porque hace mucho que la espera.
Grazia al recibir la nota creyó que era una broma pero al leerla recordó que huésped había prometido no hablar más. Desayunaron,entonces, en silencio, los sonidos de la vajilla era lo único que resonaba en el salón, la primera vez que se comparte la mesa con alguien desconocido molesta la propia masticación de los alimentos, tragar la saliva, y hasta se cometen màs errores de lo común. Grazia tenía las carcajadas todas apretujadas en su boca, le parecía muy extraña la situación, y su huesped le causaba una pujante curiosidad. De vez en cuando levantaba la vista y veía que Agusto tenía la mirada seria y fija en ella mientras tomaba soberbiamente su oscuro café. De repente se le ocurrió peguntarle.
- ¿A usted le agrada escuchar mi voz?- dijo ella y él se apresuró en escribir un papel que le pasó.
Me da lo mismo, ¿qué, usted ya no piensa hablarme más ?
Grazia al leer la nota se enojó, él ya había se le había anticipado, así que pensó en otra cosa rápidamente para no quedar como una tonta. Agusto la miraba sonriendo como una burla.
- No señor, me preguntaba si… le gustaría escucharme cantar-
Sería placentero
Y Grazia de lo más caradura tomó fuerza y comenzó a cantar Pie Jesu, trastabilló un poco en la letra y desafinó en la voz, pero Agusto había quedado como embelesado . Ella con una alegría que la llenaba se sintió sumamente astuta al haber podido salir de ese apuro. Él la había escuchado con gran placer , el alma se le había destilado por los contornos del cuerpo, la piel le colgaba de los huesos, los cabellos se le erizaron en las montañas de su piel . Luego de aquello se quedó un tanto tildado, mientras una vieja tristeza se esparcía dentro suyo y le brillaban los ojos, pensó que hacía tiempo que no sentía un placer directo, mundano y no calculado y racional. A pesar de que en su obrar no había perdido esa capacidad de lo espontaneo e impulsivo, sí lo había perdido en su sentir.
Le agarró una mezcla de sentimientos encontrados que lo dejaron confundido, así que tomó el anotador escribió “gracias”, se levantó de la mesa y se fue con el disgusto en su cara. Grazia como siempre quedaba con la boca abierta y sin saber que hacer, nunca había conocido a un hombre que tuviera tantas facetas en sus misterios como las mujeres. Ella sólo se quedó sentada, y le pareció estúpido sentirse mal así que disfrutó de su desayuno como si nunca hubiera pasado nada, pensando en la mirada penetrante del hombre.
. Mientras se complacía a sí misma haciéndose ilusiones vanas descubrío que Agusto había dejado su anotador en la mesa. “No es tan idiota, es imposible que haya dejado esto acá por un descuido” y comenzó a hojearla había miles de frases cortas allí tipo La cara oscura de la luna es la luna de los poetas. Estaba maravillada, y devoraba los escritos con gran delectación. Hasta que llegó a un apartado que decía “Estancia en el bunker”, y en el momento que pensaba leerlo, sintió que se hacía más intenso el calor de su espalda, se dio vuelta rápidamente y encontró que Agusto estaba casi abrazándola, este le susurró al oído “te gustó el poema XI”…ella con gran esfuerzo lo miró a los ojos, vió en ellos la turbación de sus experiencias clavándose como mil astillas ordenadas en un mismo matiz de colores pardos. El hombre le escribió La cara oscura de la luna es algo está vedado a tus ojos, porque cuando se desvele te vas a quedar ciega. Y cuando se iba yendo, Grazia con impotencia sin saber que hacer le gritó:
- Me hablaste, me gustó el poema XI y disculpá por haberlos leído-
Grazia pensó en lo enfermante en que se estaba volviendo esas idas y venidas de juegos y misterios, y lo obsesiva que la estaba poniendo ese hombre. Agusto la miró con cara de repugnancia y se quedó en el living observando como el primer día los retratos de las partes del cuerpo de Grazia, también obsesionado.