En los cerros, solía haber una temperatura bastante frìa a la mañana, todo era tomado por una espesa niebla gris que hacìa rechinar la casa y los huesos, les sacaba el brillo a los colores, y disminuía las capacidades instintivas del hombre. La niebla se movía lentamente como viajando desnuda, arremolinada, abrazaba la casa, abrazaba la espalda y debajo de la pollera, se infiltraba en los pensamientos como una canción, pues entre la niebla y la melancolía hay un paso de diferencia.
Grazia se levantó muy temprano faltaban algunas provisiones así que iría al pueblo, se puso un pañuelo en la cabeza, un abrigo y salió. Agusto desnudo, apoyando sus manos en la fría ventana, la vio difuminar sus contornos con los de fosca, pensó que quizá eso era ella, tal como empañó el vidrio de sus anteojos, quizá era niebla. Le hubiera gustado salir corriendo e irla a buscar jugando, no encontrarla y perderse a sí mismo. En cambio se quedó un rato en ese lugar poniendo su frente contra el vidrio frio de la ventana, los leves y tardos movimientos de esa nube le daban la impresión que pronto vería a alguien salir de allí, pero nadie salió, desilusionado decidìo levantarse.
Grazia llego dos horas más tarde cargada de bolsas que iba trayendo, de a poco de la camioneta y guardando en la despensa. Cansada agarró algunos productos para el desayuno y se dirigió a la cocina, cuando llegó se asustó : la mesa estaba ya servida. Todo lo que llevaba casi rueda por el piso, parecía que un fantasma hubiera acomodado todo tan perfectamente. Sentado en un taburete a su lado, Agusto la saludó con la mano.
- Oh, buen día Agusto me ha dado un susto impresionante- dijo y se sentó en la mesa con él, él sólo sonrió y comenzó a escribir algo en un anotador , arrancó el papel y se lo dio.
Buen día señorita, tome su desayuno rápido porque hace mucho que la espera.
Grazia al recibir la nota creyó que era una broma pero al leerla recordó que huésped había prometido no hablar más. Desayunaron,entonces, en silencio, los sonidos de la vajilla era lo único que resonaba en el salón, la primera vez que se comparte la mesa con alguien desconocido molesta la propia masticación de los alimentos, tragar la saliva, y hasta se cometen màs errores de lo común. Grazia tenía las carcajadas todas apretujadas en su boca, le parecía muy extraña la situación, y su huesped le causaba una pujante curiosidad. De vez en cuando levantaba la vista y veía que Agusto tenía la mirada seria y fija en ella mientras tomaba soberbiamente su oscuro café. De repente se le ocurrió peguntarle.
- ¿A usted le agrada escuchar mi voz?- dijo ella y él se apresuró en escribir un papel que le pasó.
Me da lo mismo, ¿qué, usted ya no piensa hablarme más ?
Grazia al leer la nota se enojó, él ya había se le había anticipado, así que pensó en otra cosa rápidamente para no quedar como una tonta. Agusto la miraba sonriendo como una burla.
- No señor, me preguntaba si… le gustaría escucharme cantar-
Sería placentero
Y Grazia de lo más caradura tomó fuerza y comenzó a cantar Pie Jesu, trastabilló un poco en la letra y desafinó en la voz, pero Agusto había quedado como embelesado . Ella con una alegría que la llenaba se sintió sumamente astuta al haber podido salir de ese apuro. Él la había escuchado con gran placer , el alma se le había destilado por los contornos del cuerpo, la piel le colgaba de los huesos, los cabellos se le erizaron en las montañas de su piel . Luego de aquello se quedó un tanto tildado, mientras una vieja tristeza se esparcía dentro suyo y le brillaban los ojos, pensó que hacía tiempo que no sentía un placer directo, mundano y no calculado y racional. A pesar de que en su obrar no había perdido esa capacidad de lo espontaneo e impulsivo, sí lo había perdido en su sentir.
Le agarró una mezcla de sentimientos encontrados que lo dejaron confundido, así que tomó el anotador escribió “gracias”, se levantó de la mesa y se fue con el disgusto en su cara. Grazia como siempre quedaba con la boca abierta y sin saber que hacer, nunca había conocido a un hombre que tuviera tantas facetas en sus misterios como las mujeres. Ella sólo se quedó sentada, y le pareció estúpido sentirse mal así que disfrutó de su desayuno como si nunca hubiera pasado nada, pensando en la mirada penetrante del hombre.
. Mientras se complacía a sí misma haciéndose ilusiones vanas descubrío que Agusto había dejado su anotador en la mesa. “No es tan idiota, es imposible que haya dejado esto acá por un descuido” y comenzó a hojearla había miles de frases cortas allí tipo La cara oscura de la luna es la luna de los poetas. Estaba maravillada, y devoraba los escritos con gran delectación. Hasta que llegó a un apartado que decía “Estancia en el bunker”, y en el momento que pensaba leerlo, sintió que se hacía más intenso el calor de su espalda, se dio vuelta rápidamente y encontró que Agusto estaba casi abrazándola, este le susurró al oído “te gustó el poema XI”…ella con gran esfuerzo lo miró a los ojos, vió en ellos la turbación de sus experiencias clavándose como mil astillas ordenadas en un mismo matiz de colores pardos. El hombre le escribió La cara oscura de la luna es algo está vedado a tus ojos, porque cuando se desvele te vas a quedar ciega. Y cuando se iba yendo, Grazia con impotencia sin saber que hacer le gritó:
- Me hablaste, me gustó el poema XI y disculpá por haberlos leído-
Grazia pensó en lo enfermante en que se estaba volviendo esas idas y venidas de juegos y misterios, y lo obsesiva que la estaba poniendo ese hombre. Agusto la miró con cara de repugnancia y se quedó en el living observando como el primer día los retratos de las partes del cuerpo de Grazia, también obsesionado.


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