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domingo, 31 de enero de 2010

Cap III (no me gusta para nada este capìtulo, no me termina de cerrar)

Cap III. Oscuro

Grazia esperó a que Agusto saliera a compartir las comidas, pero nada sucedió. El hombre estaba encerrado en su cuarto, postrado en su cama, coleccionando filtros de cigarrillos, se preguntaba qué clase de información recolectaba Grazia y por qué a “Él” también debían tenerlo en sus archivos, algo olía mal y seguramente no era la ceniza de los puchos, porque ya estaba acostumbrado a ese olor nauseabundo.
Se levantó buscó una gran valija bajo la cama y la abrió allí había libros, escritos con una letra manuscrita estilizada, levemente inclinada a la derecha y de color marrón claro, era bellísima. Llevaba en ellos, sus anotaciones, pues Agusto era de esas personas que se niegan todavía a actualizarse, pero sólo en lo que les conviene. Eligió uno de los cuadernos, miró su letra y escondío su cabeza en el endocarpio del libro, lo olió fuertemente con pasión como solía oler en cuello lamido de sus amantes, tocó sus texturas amarillentas y luego de terminar de extasiarse con ello, comenzó a leer. Habìa páginas tan escritas que parecían un batallón de hormigas, otras oscuras derramadas con la tinta profunda, otras manchadas con constelaciones de días negros y finalmente las trigueñas de vejez, el recuerdo tiene idéntica fisonomía, pensó. Un perfume retornaba en su cabeza, olerlo de nuevo era activar una vida dormida. Leyó cada uno de sus expedientes , uno decía:

Feb, 1991
Clara Belleville se levanta a la mañana y riega las plantas de su jardín, parece alucinar de clorofila, se pierda observando las formas de las hojas, mientras su rostro se refleja en el brillo del rocío y el polen le cubre la cabeza de estrellas.
Esa mañana desayunamos juntos, el mantel blanco y la vajilla de porcelana china bebieron la vida de ella.

Grazia resignada decidió sacarse el delantal y dejar los coloridos trozos de verduras en la tabla, la naturaleza muerta, la naturaleza amputada. Aunque aquel hombre no era muy conversador y no se habían dado muchas ocasiones para trabar palabras, parecía que desde el momento en que había decidido no hablar, en la casa, habitara el silencio, sí, solo te das cuenta de los errores cotidianos cuando te pinchan los castigos.
La muchacha miró hacia todos los costados, la casa la observaba, se sacó los tacones negros y se dirigío a escribir su informe. Caminò por el corredor y antes de que pasara por el cuarto de Agusto, este sintió que alguien venía así que apagó la luz. Vio las sombras de los pies creciendo como un gigante. Hace días que no dormía bien, pues tenía la leve impresión que no estaban solos, por lo tanto paranoia transformaba las dimensiones de su realidad.
Cuando hubo pasado las sombras esperó unos minutos, vio que la persona entraba a una de las puertas. En el corredor había tantas puertas que le era imposible contarlas para saber a cuál había entrado, pero por suerte sabía guiarse a través de la memoria visual, así que tomó una lapicera e hizo una pequeña marca en la puerta que había sido devorado el individuo. Grazia sintió un ruido atrás suyo así que dudó si seguir subiendo o bajar, si había alguien atrás suyo era un cuerpo entero con la oscuridad. Por las dudas bajó con el velador y sólo vio la sombra de un hombre completamente desnudo que se metía en su cuarto. Se puso fucsia y se quedó inmóvil pensando qué hacía Agusto caminando desnudo por el corredor a esas horas, pero inmediatamente recordó su labor “Sea como sea, si me estaba siguiendo es imposible que encuentre el altillo” dijo.
Al pasar escondrijos, puertas secretas, y marcar claves entró en su habitación e inmediatamente en una computadora comenzó a describir los breves encuentros con su habitante. Primero hizo un resumen de su aspecto físico, y luego intentó ir esbozando su carácter. Alto, de 1,90 m, espalda ancha, buena presencia, boca ancha, ojos oliva, cejas gruesas y despeinadas, pelo largo pasando los hombros… Grazia describía su aspecto no podía creer que se acordara de su cara perfectamente dado que a primera vista le había atraído. A veces la gente que atrae, atrae por su presencia pero lo paradójico es que se olvida su rostro, solamente está latente el instante en que se está delante de esa persona hinchando el pecho, como un galán con cara Rembrant que se le ha ido al carajo el brillo.
Obsesiva en describir cada uno de sus detalles terminó por hacer dos hojas, pero cuando llegó el momento de escribir sobre su personalidad quedó muda de ideas al no poder generalizar ningún aspecto. Todo era contradictorio porque comenzar a explayarse en un atributo significaba seguir con otro que lo contradecía, entonces sólo quedó una palabra y puntos suspensivos que son tres silencios: oscuro…

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