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jueves, 14 de enero de 2010

Novela

Cap I


Cuando las ansias estimulan las horas del tiempo, estas pasan más lentas, casi apropósito se burlan del paciente y enloquecen al impaciente.
La mujer movía el pie con un rítmicos nervios, tenia los ojos como heridos de abiertos y las pupilas desorbitadas pero intentaba mantener la calma de su cotidiano trabajo. Miraba el reloj había pasado una hora. Ya cabeceaba cuando decidió cerrar la puerta y una mano la atajó con la rapidez y la fuerza necesaria que se necesitaba como para no ser aplastada, era él, el huésped. Hubo un silencio antes de que ambos reconocieran que eran las personas adecuadas que debían encontrarse. Se examinaron por un segundo en silencio, a ella le agrado su graciosa cara, a él sus ojearas y su cabello alborotado, lo que mostraba su dejadez, ambos se observaron superficialmente temiendo cometer el pecado de desubicarse en las miradas explicitas.
- Pase por favor- dijo finalmente ella en un tono seco, con un ademán falseado- aun puedo atenderlo con respecto después de haber llegado una hora tarde-
- Permiso- y dijo él con la imitación de sacarse un sombrero imaginario.
Se sonrieron sin razón aparente, él dejó su abrigo en el perchero, y dio una vista rápida a la casa, parecía demasiado acogedora de ese color bordó, infló sus cinco sentidos absorbiendo objetos para ir sintiéndose cómodo.
Inmediatamente reparó en una pared donde como descuartizadas aparecían en pequeños cuadros cada una de las parte de un cuerpo humano femenino en blanco y negro. El magnetismo que le producían esas imágenes hizo que se fuera acercando sin llevarle el mínimo apunte a la joven que de la misma manera lo iba acompañando tras su espalda. Bordeó cada uno de los marcos como intentando hallar su favorita, había partes muy bellas como la clavícula, el cuello, su cadera… pero no encontró la que buscaba… eso lo despertó confundido. Ella que respiraba ya casi cerca de su oreja, le dijo:
- ¿les gustan?-
- Demasiado, lástima que la parte del cuerpo que busco no está -
- Nunca estará allí Señor - y se dio vuelta y la oscuridad de la habitación digerio su figura- sígame-
Caminaron por la gran casa subterránea, en un silencio incómodo, a él le dío la impresión que la corbata estaba más ajustada que de costumbre, aunque atrás de ella muy campante, tenía un panorama bastante agradable de sus curvas. La mujer en cambio sudaba porque sabía que la estaba observando. El largo pasillo parecía la mísmísima entrada al Averno, en cualquier momento si aparecía un espectro fumando habano y haciendo reverencias con una galera no hubiera sido nada desacomodado a la situación. Las habitaciones estaban todas abiertas por lo que entraban reflejos de luz, no sólo por las ventanas sino por lo impecables. Finalmente se detuvo y el hombre distraído en ese aparente cavernario pasillo se dio contra ella, el impacto asustó a la muchacha, pero tranquilizó al huésped “está tibia no es Drácula” al sentir el corazón latiendo agitadamente, primeramente no le dejó distinguir si se trataba de sus propios nervios o los de ella y luego recordó que eso sólo sucede cuando se hace el amor.
-perdone-
- esta es su habitación- dijo con aparente tranquilidad , saco una sola llave, y la introdujo en una puerta que decía Agustus. Al abrirla la habitación parecía la tercera dimensión pues no se distinguía nada, pero al encender la luz, la encontrò tenue como su sexo, una cama enorme, libros, hojas, bolígrafos, una heladera y todo de tipo de cosas como para vivir encerrado por largo tiempo.
- Buen detalle lo de Agustus-
- ?Se llama usted así?, bueno es pura coincidencia- dijo ella con una evidente mentira en su sonrisa.- bueno Agustus voy a hacer un par de cosas, como verá usted llegó tarde- y salió entrecerrando la puerta, aunque no se fue sin antes escuchar…
- No me culpe a mi su llegada tarde a lo que tenía que hacer, culpe a su paciencia-
La mujer se quedó pensando un rato detrás de la puerta, con el rostro extrañado mientras él se tocaba el mentón sentado en la cama viendo la sombra de la figura femenina. Finalmente se alejó dejando el eco de sus tacones, latiendo como su pecho.

1 comentario:

  1. Madre mia!! Hay mas?? Es oscura , es carnal como si estuviera viva cargada de sensaciones que parece fueran a estallar en vaya usted a saber que terribles consecuencias, esto me gusta, escrito desde las entrañas.
    ALfonso de la vieja España

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