Cap II
La mañana lo despertó con un dolor en el pecho, se lo palpó para ver si había sangre pues pensó que lo habían apuñalado mientras dormía. Era tan punzante el dolor que decidió quedarse un rato en la cama. Estaba desorientado como cuando uno acostumbrado a despertarse siempre en el mismo lecho, se levanta en otro lado y siente que no es ni la misma persona .Divisó cada objeto las cortinas blancas, las paredes ocre, el velador dado vuelta, su ropa vistiendo el piso; intentó realizar alguna conexión
, le fue inutil y eso lo asustó . Se sentó en la cama, intentaba recordar el día de ayer para orientarse. Acordarse de su sueño también lo ayudarìa disipar esa supuesta herida. De pronto un golpe en la puerta lo sobresaltó “deberé preguntar ¿quién es? “ Se dijo. Y caminó lentamente hacia la puerta procurando que sus pasos no se escucharan en absoluto, se apoyó en la puerta y sintío el leve calor de la persona que estaba detrás de ella. La oscuridad de la habitación lo ocultaba ante la luz que entraba por los bordes de la puerta. Se colocó los anteojos que tenía perdidos en el lio de sus cabellos para observar por la mirilla de la cerradura sin que le sucediera nada a su ojo. Colocó su ojo y vio una boca que suspiró suavemente y empañó el lente de sus anteojos.
-coloque su oreja- dijo aquella boca, y él la puso no sin cierto recaudo, entonces dijo la boca.
- soy yo señor Agusto, abra la puerta que le traigo el desayuno- y la voz cambió su boca por la oreja, y Agusto su oreja por su boca.
- y ¿quién se supone que es “ser yo” señorita?-
- La misma que se encuentra en este ser en esencia-
- ah claro, ahora le abro- y Agusto se hizo para atrás buscó un arma y se volvió a acercar a la puerta en puntas de pie.
- ¿tiene usted señorita un vestido rojo muy ajustado y un escote enorme?- preguntó Agusto
-jajjaa, no, ¿por qué? ¿Debo llevarlo?-
- no para nada, pero le aseguro que intentar seducirme para que le abra la puerta no va a ser tan fácil si no la veo-
-que superficial que es usted, vamos abra soy Grazia la dueña del bunker, está usted sólo conmigo, ábrame-
Agusto recién en ese momento cayó en cuenta de dónde estaba, Grazia por su parte creía que era todo una broma.
- Ah una cosa más que debo decirle en secreto señor- dijo Grazia y Agusto puso su oreja, al instante ella metío una pluma y le hizo cosquillas. Agusto saltó para atrás sonriéndose y sumamente extrañado, pero aquel gesto le dio confianza y le abrió la puerta no sin apuntarle con un arma. Ella se espantó y antes que se le cayera la bandeja Agusto la agarró y le dijo.
- Hola graciosa-
- Buen día – dijo entre lágrimas de risas y de miedo, condesadas en sus ojos
- Uh disculpa te estaba apuntando apropósito- puso el arma en la bandeja , probó el café y se metío una tostada con miel en la boca que preparó con malabarismo e hizo otra y la metío en la boca de ella que seguía abierta del miedo.
- No, se haga drama estoy acostumbrada a que me apunten, de lo que no me acostumbro es no tenerle miedo a la muerte-
- ¿De verdad? Mire usted muchacha- y le metió otra tostada en la boca de ella, que la hizo reir. Él la observaba por completo, cada detalle iba siendo exáminado por los ojos de Agusto que parecían en cambio estar fijos en la tostada que ella comía imitándolo a él: sin las manos…finalmente el hombre le dijo
- ¿Me espera un segundo?- se metió en la habitación de nuevo, dejo la bandeja en la cama y volvió a salir con el armar. Apuntó a la cabeza de ella y la hizo caminar hacia atrás hasta acorralarla entre su cuerpo y la pared . Como excitado comenzó a manosearla sus hombros, su cuello, sus pechos, su ombligo, su vagina, su trasero, sus piernas. Grazia estaba tan espantada que no pudo hacer ningún movimiento pero sabía el porqué de estar asustada más de lo normal; Agusto metió su mano entre sus pechos y sacó un largo cable que terminaba en un micrófono, sonrío, la miró, ella lo miró como con culpa pero inmediatamente se puso firme.
- ¿ qué se supone que es esto querida..? ¿còmo dijo? ¿Galia?- dijo él sonriendo con ironía
- Son reglas de la casa, me obligan a pasar un informe completo por semana de los huéspedes-
- Ajá! Mirá vos que interesante! Y Galia ¿no se supone que somos del mismo equipo?-
- Grazia señor. Sí, señor lo somos, pero es una regularidad que siempre se hizo y con todos los habitantes, no se sienta usted ofendido-
Agusto se quedó unos minutos callado, quizá meditando qué hacer. Grazia estaba una situación de lo más incómoda, se sentía confundida porque él hablaba con amabilidad y excitado muy cerca de su oído y al mismo tiempo una de sus manos con el arma le peinaba el cabello haciendole sentir en toda la superficie de su cráneo el filo del cañón y con la otra le acariciaba el cuello con ansias de estrangularla. Finalmente Agusto dijo.
- Esas “modalidades de la casa” no van a ser usadas conmigo ¿entendiste?. Desde ahora no pienso dirigirte más la palabra, nos vamos a comunicar por papeles, y como hiciste hoy que me ayudaste a comprobar que el desayuno no estaba envenenado, vas tener todas las comidas conmigo, ¿quedó claro?-
- Si, señor- dijo Grazia y Agusto la soltó , entró adentro un segundo. Grazia carburaba, en otra ocasión se hubiera insubordinado ante un tipo que llegaba así de la nada y le imponía reglas. “Debo reportar esto inmediatamente” se dijo sí misma. Estaba como entre enojada, excitada y esos dos sentimientos a veces se potencian mutuamente.
Agusto salío con un sobre se lo dío , hizo un ademán de saludo y cerró la puerta. Ella quedó sola un rato quieta en el largo pasillo totalmente anonadada, luego comenzó a caminar, abrió el sobre, adentro había dinero y una nota que decía :
"Grazia desde ahora trabajas para mí, este es tu primer sueldo.
Atte. Agustus
p.d: muy rico el desayuno y las cosquillas en la oreja"


ya te he leido...
ResponderEliminarRobert