
Él prendío un cigarillo para tragar con el humo la angustia. Ella se lo arrebató y lo fumó como Maysa, despectivamente. Compartían los ardores consumidos y más que todo las cenizas. Los ojos de él se ponían densos en turquesa antes las inquietudes y las aflicciones, ese era el fenómeno favorito de su hermana. Ella se sacó los suyos y los hundío en el café puro. Inextricables penas fulminaron sus temperamentos, se miraron él con sus ojos lágrimas y ella con sus ojos desde el café, recordaron Abril, el baldío, y el cielo gris, enseguida se arrancaron los nudos de sus gargantas, armaron un papalote y lo llevaron a volar en la noche negra .
15/12 /09


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