Alguna vez escondí la agonía en el alféizar
y comencé a vivir en Corrientes
esperando los gustos de helado de Robi
con las piernas al aire y la pollera corta guardada en el placar
evidentemente Mario se equivocaba cuatro eran mejor que tres
y me acosté en las nubes de mi cama colorada
mientras los brillos del día a las ocho todavía persistían...
en las clavículas de las sábanas
esperando que como un pescado muerto
la moral en mi cabeza volviera a Nadar.
10/02/10


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